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Friday, September 6, 2013

Se habla español

(Originally posted in The Korbel Report.  Check out other entries around international studies!)

I was waiting for the bus the other day, and I met a man who had just got out of work and was ready to go home.  After greeting him with the usual, “Good afternoon.  How’s your day going?” I then asked him where he was from, because I heard his accent.  “I’m from Guatemala”, he said, and from then on we just started chatting in Spanish.
Rob – that’s the alias I will use – was born in the same country I was born, but it was a very different country at that time.  He grew up in a rural community thirty minutes away driving distance from one of the biggest urban settings in Guatemala, Xela.  He only finished elementary school, so 6th grade in our education system.  When he was 17, he migrated to the United States, and has been here ever since. He works every day, pays taxes, rides public transportation, and contributes to the economy of Washington DC and Maryland.  He is undocumented.  When I asked him if he knew about any of the networks for immigrants that are available in the DC area, his face responded me with a blank expression.  I told him about some of the organizations for day laborers, for Central Americans, for undocumented immigrants and other organizations that might be of some utility. He has been here for a little over ten years, and he didn't know about any of this.  I learned about the DC organizations that work for immigrants’ rights last week at a meeting for work, and I have been here for a little under two months.
This made me really unhappy, frustrated and angry.  And it just made me think and ask questions.  How does Rob access health?  Does he have access to preventive health at all?  How can he access adult education?  How does he access other kinds of services?  What does he do when he gets sick?  Where does he live?  What would he do if his boss is being unfair in terms of working schedules and salary?  Don’t get me wrong: Rob is obviously a resilient, adaptive man, who has worked hard for over a decade. He has been sending money to his family back in Guatemala, he is bilingual (maybe even multilingual if he speaks either Mam or Quiche’, the Mayan languages in the region where he is from) and knows how to move around parts of the city.  He is a survivor.  But at the same time, he was telling me how he hasn't seen his family in all these years, how he can’t leave the country, how he had to travel through the borders using a coyote, and how it is so hard to get a visa and a social security number.
How do we allow for some individuals to be treated as people and others to be treated as less than people?  How come our humanity is still defined by where we are born, our geographic origins?  Why do I have more human rights protected and guaranteed than Rob does?  If we really want to tackle issues around health, human rights, international politics, and economics, we really need to revise, reform and revolutionize immigration policies.  In the connected world we live in, with technology that makes distances and time so malleable, I sometimes think we live more disconnected from each other than ever.  We need to learn about the different efforts currently taking place working towards fairer immigration policies, learn about the different social movements that have been fighting for this around the world, and think what can we do to be part of the conversation, the movements, and the reforms.  Because after all, aren't we all immigrants?
I leave you with a quote from President Franklin Roosevelt: “Remember, remember always, that all of us, and you and I especially, are descended from immigrants and revolutionists.”
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El otro día estaba esperando el bus, y conocí a un hombre que acababa de terminar de trabajar y estaba listo para irse a su casa.  Después del saludo común "Buenas tardes, ¿cómo va su día?", le pregunté que de dónde es, pues le escuché un acento.  "Soy de Guatemala", me dijo, y de allí en adelante platicamos en español.
Rob – ese es el alias que voy a usar – nació en el mismo país donde yo nací, pero en un país bastante diferente al mismo tiempo.  Creció en una comunidad que queda a media hora de Xela, uno de los centros urbanos más grandes de Guatemala.  Terminó sólo la primaria, hasta 6to grado. Cuando tenía 17 años, emigró a Estados Unidos, y ha estado aquí hasta ahora.  Trabaja todos los días, paga impuestos, usa el transporte público y contribuye a la economía de Washington DC y de Maryland.  Es indocumentado.  Cuando le pregunté si conocía cualquiera de las redes de contactos y organizaciones para migrantes en el área de DC, me respondió con una expresión en blanco.  Le conté de algunas de las organizaciones que trabajan para y con jornaleros, Centroamericanos, migrantes indocumentados y otras organizaciones que podrían ser de utilidad.  Ha estado aquí por más de diez años y no conocía sobre todas estas organizaciones.  Yo me enteré de las organizaciones locales en DC que trabajan or los derechos de los migrantes la semana pasada en una reunión de trabajo, y he estado aquí casi dos meses.
Todo esto hizo sentirme infeliz, frustrada y enojada.  Y me hizo pensar y preguntarme varias cosas.  ¿Será que Rob tiene acceso a salud?  ¿Tendrá acceso a salud preventiva de algún tipo?  ¿Cómo puede tener acceso a educación para adultos?  ¿Cómo puede tener acceso a otros servicios? ¿Qué hace cuando se enferma?  ¿Dónde vive?  ¿Qué haría si su jefe está siendo injusto en cuanto a salario y horarios de trabajo?  Y no me malentiendan: Rob es obviamente un hombre resiliente, adaptante, y ha trabajado duro por más de una década.  Le ha estado mandando dinero a su familia en Guatemala, es bilingüe (o tal vez multilingüe si habla Mam o Quiche’, los idiomas mayas de la región de donde es), y sabe cómo moverse en diferentes partes de la ciudad.  Es un sobreviviente.  Pero al mismo tiempo, me estaba contando que no ha visto a su familia en todos estos años, que no puede irse del país, que tuvo que moverse entre fronteras usando un coyote, y que es muy difícil conseguir una visa o un número de seguro social.
¿Cómo permitimos que algunos individuos sean tratados como personas y que otros sean tratados como menos que personas?  ¿Cómo puede ser que nuestra humanidad aún se defina por dónde nacimos, nuestros orígenes geográficos?  ¿Por qué yo tengo más derechos humanos protegidos y garantizados que Rob? Si realmente queremos hacer frente a los problemas de salud, derechos humanos, políticas internacionales, economía, tenemos que revisar, reformar y revolucionar las políticas de migración.  En el mundo conectado en el que vivimos, donde la tecnología hace del tiempo y el espacio cosas maleables, algunas veces pienso que vivimos más desconectados el uno del otro que nunca antes.  Necesitamos aprender sobre los esfuerzos que están dándose en la actualidad hacia políticas de migración más justas, aprender sobre los diferentes movimientos sociales que están luchando por esto en todo el mundo, y pensar sobre qué podemos hacer para ser parte de esta conversación, de estos movimientos, de las reformas.  Porque después de todo, ¿no somos todos migrantes?

Las y los dejo con una cita del presidente Franklin Roosevelt, “Recuerda, recuerda siempre, que todos nosotros, especialmente tú y yo, descendemos de inmigrantes y revolucionarios”.